Hablamos mucho de "antioxidantes", pero pocas veces explicamos contra qué luchan. Ese "algo" es el estrés oxidativo, y entender qué es ayuda a tomar mejores decisiones sobre alimentación, suplementación y estilo de vida.
Un equilibrio que se puede romper
Nuestras células producen constantemente radicales libres como parte normal del metabolismo: al respirar, al hacer ejercicio, al defendernos de una infección. En condiciones normales, el cuerpo los neutraliza con sus propios sistemas antioxidantes.
El problema aparece cuando la producción de radicales libres supera la capacidad de defensa. A ese desequilibrio lo llamamos estrés oxidativo, y con el tiempo daña las membranas celulares, las proteínas y el ADN.
Entre los factores que lo aumentan están el tabaco, el alcohol, la contaminación, el exceso de exposición solar, el sobreentrenamiento, la falta de sueño, una dieta pobre en vegetales y el estrés psicológico sostenido.
Por qué importa
El estrés oxidativo mantenido en el tiempo se asocia a:
- Envejecimiento cutáneo prematuro y pérdida de firmeza.
- Fatiga y peor recuperación tras el esfuerzo físico.
- Inflamación de bajo grado, un terreno común a muchas enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
- Aceleración del deterioro cognitivo.
No es una enfermedad en sí misma, sino un mecanismo que conviene vigilar, sobre todo en personas con antecedentes familiares, deportistas o quienes ya notan signos de envejecimiento acelerado.
Cómo se mide en consulta
Durante años, el estrés oxidativo solo podía estimarse de forma indirecta. Hoy lo evaluamos con el sistema FRAS5 (Free Radical Analytical System), un analizador que a partir de una pequeña muestra de sangre capilar determina dos parámetros complementarios:
- d-ROMs: la cantidad de daño oxidativo ya producido, es decir, cuántos radicales libres están actuando.
- PAT / capacidad antioxidante: la reserva de defensa antioxidante disponible en ese momento.
La relación entre ambos valores da una fotografía real del equilibrio oxidativo de cada persona, con un resultado en pocos minutos.
Qué hacemos con el resultado
La medición no es un fin, es un punto de partida. A partir de ella diseñamos un plan personalizado que puede incluir:
- Ajustes en la alimentación, priorizando vegetales de colores variados, aceite de oliva virgen extra y pescado azul.
- Revisión de hábitos: sueño, carga de entrenamiento, consumo de tabaco y alcohol.
- Suplementación solo cuando está justificada y a la dosis adecuada. Más antioxidantes no siempre es mejor: en exceso pueden ser contraproducentes.
- Una nueva medición a los pocos meses para comprobar que el plan funciona.
Medir el estrés oxidativo convierte una recomendación genérica ("come más sano") en un objetivo concreto y comprobable. Esa es la esencia de la medicina de precisión: decidir con datos propios de cada paciente, no con promedios.