El ácido hialurónico es, probablemente, el material más utilizado en medicina estética facial. Y sin embargo, sigue rodeado de ideas equivocadas: que "deforma", que "una vez te lo pones ya no puedes parar", o que sirve para cualquier cosa. Vale la pena poner orden.

Qué es realmente

El ácido hialurónico es una molécula que ya está presente de forma natural en nuestra piel, donde retiene agua y aporta volumen y elasticidad. Con la edad, su cantidad disminuye. Los rellenos que usamos en consulta son geles de ácido hialurónico de origen no animal, con distintos grados de densidad y elasticidad según la zona a tratar.

No todos los productos son iguales: un gel pensado para hidratar la piel del rostro no tiene las mismas propiedades que uno diseñado para dar proyección a un pómulo o definir un mentón.

Para qué se usa con criterio

  • Reponer volumen perdido: pómulos, surco nasogeniano, ojeras, sienes o mentón, donde el paso del tiempo ha "vaciado" la cara.
  • Perfilar y armonizar: labios, línea mandibular, dorso nasal (rinomodelación) o proyección del mentón.
  • Hidratar en profundidad: mediante geles muy fluidos que mejoran la calidad y luminosidad de la piel.

El objetivo no es cambiar la cara, sino devolverle equilibrio. Un buen resultado es aquel que nadie identifica como "trabajo hecho", solo nota que la persona se ve descansada.

Los mitos más frecuentes

"Se queda para siempre." Falso. El ácido hialurónico es reabsorbible: el organismo lo degrada de forma progresiva a lo largo de entre 6 y 18 meses, según el producto y la zona. Además, si un resultado no convence o aparece una complicación, existe una enzima —la hialuronidasa— capaz de disolverlo.

"Si empiezas, ya no puedes dejarlo." El aspecto vuelve poco a poco al punto de partida cuando se deja de tratar. Lo que ocurre es que muchas personas, al ver el resultado, deciden mantenerlo.

"Cuanto más producto, mejor." Al contrario. La sobrecorrección es la causa más habitual de los resultados poco naturales que todos tenemos en mente. Menos, bien colocado, casi siempre es más.

Qué valorar antes de tratarte

Una infiltración de ácido hialurónico es un acto médico. Antes de realizarla conviene:

  1. Una consulta de valoración donde se analiza el rostro en conjunto, no una zona aislada.
  2. Información clara sobre el producto que se va a utilizar y su duración estimada.
  3. Conocer las posibles molestias y complicaciones, poco frecuentes pero reales, y cómo se manejan.
  4. Un profesional con formación específica y capacidad para resolver una eventual complicación vascular.

Usado con conocimiento y moderación, el ácido hialurónico es una herramienta segura y reversible. La diferencia entre un resultado natural y uno artificial casi nunca está en el producto: está en el criterio de quien lo aplica.